Reportajes
Nº 19, Mayo a Mayo de 2010
La supervivencia de las tortugas marinas
La tortuga marina es una de las especies en peligro de extinción más castigadas por la contaminación, el turismo y, sobre todo, la pesca. Cada año, su supervivencia se ve amenazada por la acción humana. Ante esta situación, la concienciación social y educación ambiental resultan claves, igual que la labor que desarrollan los centros de recuperación de fauna, donde, en el caso de las tortugas, más del 90% de los ejemplares ingresados terminan recuperándose.
24 de marzo de 2010. El Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat recibe una llamada de un barco de pescadores que acaba de capturar por arrastre una tortuga marina mientras faenaba en aguas de Valencia. De inmediato, se activa el protocolo de actuación y el animal es trasladado al ARCA del Mar, en el Oceanogràfic, donde iniciará su recuperación. Tras un chequeo completo, que incluye analítica y radiografía, los veterinarios descartan cualquier intervención y confirman sus primeras sospechas: principio de neumonía. Es el procedimiento habitual que debe aplicarse cuando se produce el ingreso de estos animales en estas instalaciones. “Puede que venga de un arrastre, pero existe la posibilidad que antes haya ingerido un cebo de un palangre. Nos han venido tortugas por arrastre de inicio pero, después, con la radiografía se ha detectado un anzuelo en su interior”, explica María Llorente, bióloga marina y una de las personas encargadas de velar por el buen funcionamiento de este centro de recuperación, el más grande de España y uno de los mayores de Europa.
Se trata de la tortuga número 100 recuperada desde que se inició la colaboración entre la Ciudad de las Artes y las Ciencias y la Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda, a través de un convenio para la gestión conjunta de los varamientos de tortugas marinas y cetáceos de la Comunitat Valenciana. Una cooperación que se vio reforzada con la puesta en marcha en 2007 del ARCA del Mar. A partir de entonces, se han atendido y recuperado 44 ejemplares procedentes de las aguas de Castellón, 33 de Valencia y 26 de Alicante.
En la Comunitat Valenciana, los trabajos de recuperación de la fauna silvestre, principalmente de los animales más amenazados, comenzaron hace más de dos décadas con excelentes resultados en los años que llevan funcionando estos centros en las tres provincias. Sus instalaciones acogen cualquier animal salvaje, ya sean mamíferos, aves, anfibios o reptiles que ingresan enfermos o heridos, incapaces de desenvolverse con normalidad en la naturaleza. Tras recibir el tratamiento específico, finalmente son devueltos a su medio natural.
En mayor proporción son atendidas las aves acuáticas y las rapaces, seguidas por los anfibios y reptiles. Una de las especies más representativas del Mediterráneo es la Tortuga Boba (Caretta, Caretta). Se alimenta principalmente de medusas, esponjas, crustáceos y moluscos. Pueden sobrepasar los 100 kg de peso y el metro de longitud y alcanzar una profundidad superior a los 200 metros. Pese a que se trata de la especie más común de tortuga en aguas españolas, por encima de las tortugas laúd y verde, se da la circunstancia que su reproducción no es muy frecuente en las costas de nuestro país, sino que proceden fundamentalmente de Florida, la costa atlántica americana, Cabo Verde, Grecia, Turquía o Libia. Por tanto, su conservación constituye una labor esencial para preservar la biodiversidad marina.
Hace cuatro años, en el verano de 2006, se produjo un acontecimiento insólito en el litoral valenciano. Se localizó un anidamiento de ejemplares de tortuga boba en la playa de Puzol. Los 72 huevos encontrados fueron trasladados al Parque Natural de la Albufera para protegerlos de posibles peligros. En septiembre de ese mismo año, nacían 25 crías de este ejemplar, un hecho que sucedió por última vez hace 200 años. El único precedente más cercano que se conoce en España es el de una puesta en Almería en 2001.
Una fortaleza sin límites: la historia de la tortuga 32
El propio carácter de este reptil marino también contribuye a su recuperación, ya que son muy curiosas, tranquilas, muy fáciles de manejar pero, sobre todo, muy resistentes, con una gran fortaleza. “Este animal ya se puede estar muriendo, que no lo ves. Es muy fuerte mental y físicamente. Puede presentar neumonía, deshidratación, desnutrición. Compruebas la analítica, que te indica muy poco hierro en sangre, con un desequilibrio importante de los niveles de calcio y fósforo y te preguntas ¿cómo puede seguir vivo?”
M. Llorente recuerda emocionada la experiencia que vivió con la tortuga 32 hace tres años. Ingresó en el Oceanogràfic con lesiones causadas por un vertido químico. Su estado era más que preocupante, tan crítico que “pensamos en sacrificarla, pero decidimos intentar sacarla adelante. Había que agotar todas las posibilidades, aunque fueran mínimas”. Se le caía la piel hasta en el caparazón y en las aletas se podían ver perforaciones. La flotabilidad era negativa, se dejaba ir al fondo y no respiraba, por lo que tuvieron que incorporarle un corcho como los que se utilizan cuando aprendes a nadar. A esto había que sumarle un rechazo comprensible al alimento al no tener fuerza en las mandíbulas, por lo que los cuidadores se veían obligados a forzarla para poder introducirle la comida. Llegó a coger neumonía y fue trasladada a la zona de cuarentena.
Todos los inconvenientes que podían producirse eran pocos, resultaba muy difícil vislumbrar la luz al final del túnel. “Pero empiezas a recuperarla y cuando llega la hora de soltarla al mar, sin duda, es el momento más gratificante del mundo”. Más aún después de ver lo que sucedió durante la última fase de la recuperación, tampoco nada fácil para esta bióloga. “Cuando partimos en el barco de la Guardia Civil y llegó el momento de soltarla, tuvimos que meternos en el agua con ella porque no quería irse, cuando, normalmente, al soltar un tortuga, ésta comienza a nadar muy rápido hasta que se va. Pero esto no ocurrió. Nos alejábamos y venía detrás. Hasta que al final se marchó. No podía creerlo. Parecía que estuviera dándonos las gracias por todo lo que habíamos hecho por ella”. Causas de ingreso
Las amenazas a las que se enfrentan estas tortugas marinas van desde la ingestión de plásticos y otros residuos sólidos, que suelen confundir con medusas, hasta la contaminación de las aguas donde viven y la destrucción de las escasas zonas donde anidan, pasando por la captura accidental con palangres o redes, o también por haber recibido golpes de hélice o ataques de tiburón.
En los últimos años, han aumentado los esfuerzos para intentar solucionar esta situación, lo que ha permitido, de forma progresiva, reducir la mortalidad de estos reptiles. La Red Valenciana de Varamientos, de la que forman parte la Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda, la Universitat de València, los ayuntamientos del litoral valenciano, las cofradías de pescadores, así como la Cruz Roja del Mar, la Guardia Civil y la Ciudad de las Artes y las Ciencias, es un ejemplo.
Hay que tener en cuenta que antes los pescadores, por miedo a recibir una sanción al tener una tortuga en su barco, la devolvían al mar sin advertir sus posibles lesiones y las consecuencias para la salud del animal que podrían darse en caso de no recibir un tratamiento adecuado. Hoy, la situación ha cambiado, y los propios pescadores ya aplican el protocolo de actuación en estos casos, que se inicia a través de una llamada al teléfono de emergencias 112. “Desde que se concienció a los pescadores sobre esta problemática, es cuando más ingresos hemos recibido, sobre todo por artes de palangre o arrastre”, señala Llorente.
En el caso de la tortuga “centenaria” que llegó al Oceanogràfic con principio de neumonía y que, afortunadamente, fue liberada al mar el pasado 9 de abril en la playa de El Saler, es muy posible que, en el momento de la captura, se encontrara comiendo del fondo marino o, sencillamente, descansando apoyada en una roca. Estos reptiles marinos, además, se sumergen para que determinados peces de la familia de los lábridos –que se alimentan de pequeños parásitos– las limpien de algas y plantas marinas que llegan a acumularse en su caparazón debido a su ritmo lento de nado. “La pesca de arrastre no selecciona nada, se lleva absolutamente todo: rayas, tortugas y una gran biodiversidad marina. Durante todo el tiempo que llevan arrastrando, la tortuga va dando vueltas, es un estrés continuo para el animal, que no puede subir a la superficie a respirar. No sabes cuánto tiempo lleva dentro del mar, por eso normalmente vienen desnutridas y deshidratadas”.
Las tortugas marinas son animales poiquilotermos, necesitan la luz solar para regular su temperatura con el medio, para permanecer estables y para endurecer su caparazón. Si aumenta su temperatura corporal, se encuentran más activas, como les sucede a todos los reptiles. Su respiración pulmonar, así como la búsqueda de alimento, también les lleva a salir a la superficie.
Fases de recuperación
Una vez diagnosticada tras el reconocimiento previo, la tortuga es trasladada hasta uno de los siete tanques instalados en el ARCA del Mar, donde se le coloca un microchip y una placa metálica identificativa con el número de orden de ingreso grabado. Incluso, en algunos casos, incorporan un transmisor para realizar el seguimiento del animal. De esta forma, en el momento que sale a la superficie, el satélite detecta la ruta de migración, si realiza el recorrido para alimentarse o para reproducirse.
Cada ejemplar recibe un control diario sobre su estado, atendiendo siempre a una serie de parámetros como la alimentación, el estado de las heces, el nivel de flotabilidad y la actitud o comportamiento del animal. Los niveles higiénicos de las instalaciones constituyen también una parte fundamental para que la recuperación de la tortuga sea la correcta y, por tanto, antes y después de dar de comer a las tortugas, los cuidadores proceden a la limpieza de los tanques y a la desinfección de todos los utensilios empleados.
Aunque la frecuencia en la alimentación dependerá del tamaño y peso del animal, una vez al día, de lunes a domingo, son alimentadas con una dieta basada en gelatina, con la que se consigue contrarrestar esa carencia hídrica que no tienen en el medio natural gracias al agua y al alimento que obtienen, como las medusas. La gelatina lleva incorporado el marisco, los crustáceos, el pescado, así como el aporte vegetal y la fibra que necesitan: mejillón y cangrejo vivo –el alimento vivo las mantiene activas–, calamares, langostinos, merluza, arenque, además de espinacas y zanahorias.
El control de las heces de cada tortuga es otro indicador de que los cuidadores vigilan diariamente. Así, en el supuesto de que el animal padezca estreñimiento durante un tiempo prolongado, se le administrará un laxante para evitar cualquier taponamiento. No obstante, si lleva pocos días en esta situación, se opta por darle más gelatina para evitar la adicción a los laxantes. En cualquier caso, todos los ejemplares que se encuentran en proceso de recuperación reciben su tratamiento correspondiente: antibióticos, laxantes, vitaminas, etc., y son expuestos cada tres semanas a un control exhaustivo de datos biométricos (peso, longitud y amplitud). La aparición de conjuntivitis ocurre también a menudo en las tortugas. Pero una de las mayores dificultades con las que se encuentran los cuidadores y veterinarios se produce cuando el nivel de flotabilidad no es el adecuado.
En 2008, un equipo de veterinarios del Oceanográfico, del Centro de Recuperación de la Granja del Saler y del Instituto Mediterráneo de Endoscopia de Castellón (IME) realizó una operación pionera en España a dos tortugas marinas que presentaban problemas de flotabilidad como consecuencia de haber recibido golpes de hélice y el ataque de un tiburón, respectivamente.
Durante su permanencia en el ARCA del Mar del acuario valenciano, ambos animales fueron tratados y sometidos a diversas pruebas con el fin de salvar su vida. Los ejemplares se recuperaron de sus heridas, aunque estas mismas lesiones derivaron en un desequilibrio en la flotabilidad por problemas en los pulmones. Operarlas era, por tanto, el mejor recurso para conseguir devolverlas a su entorno natural, ya que, de lo contrario, probablemente no podrían llegar nunca a alimentarse, escapar de posibles depredadores o, en algunos casos, reproducirse. Tras la intervención a la que fueron sometidas, utilizando las técnicas más avanzadas de cirugía laparoscópica, las tortugas se recuperaron con éxito.
ARCA DEL MAR
Las instalaciones del ARCA del Mar permiten acoger entre 15 y 20 ejemplares al mismo tiempo y tienen como objetivo atender a las tortugas marinas varadas o pescadas accidentalmente que llegan al centro entregadas por pescadores o por su hallazgo por parte de particulares o instituciones.
Su puesta en marcha tiene su origen en un convenio de colaboración firmado en 2003 entre la Conselleria de Medio Ambiente y la Ciudad de las Artes y las Ciencias para la gestión conjunta de los varamientos de tortugas marinas y cetáceos en la Comunitat Valenciana.
El centro cuenta con una zona con siete tanques donde las tortugas pasan los primeros días de su recuperación –el promedio es de 136 días–. Aquí, el personal de la Conselleria de Medio Ambiente y el equipo de veterinarios y técnicos del Oceanogràfic pueden controlar los ejemplares después de una operación, herida o cualquier otro contratiempo que hayan sufrido. Una vez las tortugas comienzan a recuperarse satisfactoriamente son trasladadas al tanque de Océanos, que funciona como zona de musculación y área de interrelación con otras especies. Finalmente, se liberan al mar. Paralelamente, se realizan campañas educativas en el Oceanogràfic mediante talleres y actividades dirigidas a grupos escolares, así como el proyecto de colaboración con las cofradías de pescadores de la Comunitat Valenciana, iniciado en 2006.
QUÉ HACEMOS SI NOS ENCONTRAMOS UNA TORTUGA MARINA HERIDA…
Tanto los pescadores por capturas accidentales, como cualquier ciudadano que aviste una tortuga herida, deben contactar con el Centro de Coordinación de Emergencias, en el teléfono gratuito 112, para iniciar el protocolo de actuación. A partir de ahí, la Red Valenciana de Varamientos trabajará de forma conjunta para recuperarla y devolverla a su medio natural.
Buscar un lugar a la sombra donde la tortuga no se pueda mover, mantenerla húmeda cubriéndola con algún trapo o similar, así como no colocarla en un recipiente con agua para evitar que se ahogue, son algunos consejos que podemos seguir en caso de encontrarnos con alguna tortuga marina herida.
|
|
| La tortuga marina es una de las especies en peligro de extinción más castigadas por la contaminación, el turismo y, sobre todo, la pesca. Ante esta situación, la concienciación social y educación ambiental resultan claves. |
|